Too many requests 6º DOMINGO DE PASCUA

6º DOMINGO DE PASCUA

6º DOMINGO DE PASCUA

   El evangelio de hoy no se debe leer como un registro exacto de las palabras que Jesús pronunció en la última cena, sino como el discurso que el Resucitado dirige hoy desde el cielo a todos sus discípulos. Si destacamos las principales enseñanzas, encontramos:

Primero: Hay una contradicción y es que al principio Jesús habla de “sus mandamientos” como si fueran muchos, para afirmar más tarde: “este es mi mandamiento” como si fuese solo uno. Es verdad que los mandamientos son muchos pero es importante subrayar que los mismos son especificaciones de un único mandamiento: el amor al hombre. El amor al ser humano debe ser siempre el punto de referencia de la moral, de todas las disposiciones y de todas las leyes.

   El mandamiento nuevo pide una vigilancia constante, imaginación, prudencia y coraje para tomar decisiones, aun con el riesgo de equivocarse; no se puede identificar con la observancia formal de normas legalistas.

   Segundo: Relacionado con este tema hay una segunda observación. Jesús no presenta su amor como un modelo a imitar sino como una vida que continúa en sus discípulos; muchas veces pensamos que debemos repetir lo que Él hizo. El Bautismo nos posiciona en una condición diferente: nos une, nos transforma en miembros suyos; de esta forma Jesús continúa obrando en nosotros: es Él quien ama, quien cura, quien consuela, quien ayuda al pobre. Observando nuestra vida, los hombres deben estar en condiciones de reconocer a Cristo resucitado que continúa presente en medio de ellos.

   Tercero: La práctica de ese mandamiento no solo nos hace una sola persona con Cristo sino que nos une también al Padre. Quien recibió el Espíritu Santo entró en intimidad de vida con Dios. Amarlo quiere decir, permitir que a través de nuestra persona, su amor se comunique al hombre; su gloria no aumenta cuando nos prostramos delante de su infinita majestad, sino cuando hacemos que su ternura esté presente en el mundo.

La cuarta observación es respecto al fruto que resulta de la fidelidad al mandamiento del amor. Está muy difundida la idea de que la observancia de los mandamientos exige renuncia a todo lo que es bonito, agradable y nos hace felices y tenemos miedo de dejar entrar a Cristo en nuestra vida porque pensamos que promete la felicidad a sus discípulos, pero solo en el otro mundo. En esta existencia nos convocaría solo para el sufrimiento y el sacrificio a fin de acumular méritos para el cielo. Es verdad que el camino que nos indica es diferente, incluso opuesto al de los hombres. No es en el egoísmo ni en la búsqueda desenfrenada de placeres donde se encuentra la felicidad y la paz, sino en el olvido de los propios intereses y en lo que da alegría a los hermanos.

   Quinto: En este evangelio les recomienda solo a los miembros de su comunidad que se mantengan unidos y que se amen mutuamente, pero es que antes de hablar de amor y paz para con los otros es preciso cultivar el amor y la paz entre nosotros. Una comunidad en la que cada uno piensa en sus propios intereses ¿puede acaso construir la paz?. La comunidad cristiana recibe la misión de dar al mundo la señal de una sociedad nueva y de futuro, que rechaza la violencia y el dominio, en donde los bienes se comparten y donde nadie se siente discriminado.

Sexto: Jesús no llama a sus discípulos de siervos sino de amigos. El siervo ejecuta órdenes, cumple sus tareas mientras que el amigo es un confidente, es aquel con el que existe una comunión de vida; y el amigo se siente feliz cuando puede ayudar. Si una comunidad cristiana está constituida por “amigos” entonces deben excluirse las relaciones de superior-súbdito, patrón-empleado, maestro-discípulo, todos disfrutan de la misma dignidad.

   En nuestra reflexión de hoy podemos preguntarnos: 1) ¿Cuáles son las relaciones que tenemos unos con otros?. 2) ¿Nos adherimos de corazón al proyecto que Dios tiene para nosotros?. 3) ¿Qué aporto yo para crear una nueva sociedad basada en el amor?.

   Pidamos a la Stma. Virgen que nos ayude a ejemplo suyo a amar a todos nuestros hermanos para que unidos a su Hijo en el amor, podamos algún día formar parte de su reino. AMÉN.